No quiero creer en sentimientos efímeros, ni en el amor volátil sin fruto. Ni quiero vivir en soledad: ni ilusión de libertinaje, ni amor vendido al mejor postor, aunque no sea por dinero.
Cada mañana en la calle y más tarde en clase veo cientos de rostros, algunos de ellos mágicos, únicos, inimitables. Pero además, he podido alcanzar lo que hay tras ellos. Mentes, conocimientos, sueños e ilusiones, miedos, inseguridades y alegrías cotidianas. He investigado sobre el amor, y sé que no lo he sentido por la gran mayoría de esos cientos de rostros y mentes.
Por eso, sólo encuentro el amor en un hombre. Dime que no aspiras a encontrar al hombre de tu vida, y te diré que has tirado la toalla, que prefieres que tu alma siga siendo nómada y no se asiente jamás a correr el riesgo que supone abrir sus puertas a alguien. Entonces te conformarás con las mariposas del estómago, las chispitas en sus ojos o el sudor en las palmas de tus manos, sin conocer jamás la calidez de un corazón que late a la par que el tuyo o la liberación de desnudar tu interior. Sin experimentar la seguridad y la calma de un beso o un abrazo o el sexo con alguien que sabe mejor que nadie cómo hacerlo, porque sólo lo hará para ti. Abrirás las puertas de tu alma para que puedan entrar en ella multitudes que se marcharán tan fugazmente como llegaron. Ninguno se quedará, ninguno llenará ese hueco vacío.
Cuando renuncias al compromiso haces que una parte de ti no llegue nunca a vivir: la parte destinada a la felicidad de tu alma gemela, aquella que lo es porque así lo habéis elegido. Renuncias a la emoción de las miradas, los primeros encuentros, pero ganas la emoción de saber que alguien te recordará por haber embellecido su vida.
___
Mi corazón quiere ser sedentario, y necesita un lugar en el que crecer y resguardarse del frío, y ese sitio está contigo...
Para siempre.
Cada mañana en la calle y más tarde en clase veo cientos de rostros, algunos de ellos mágicos, únicos, inimitables. Pero además, he podido alcanzar lo que hay tras ellos. Mentes, conocimientos, sueños e ilusiones, miedos, inseguridades y alegrías cotidianas. He investigado sobre el amor, y sé que no lo he sentido por la gran mayoría de esos cientos de rostros y mentes.
Por eso, sólo encuentro el amor en un hombre. Dime que no aspiras a encontrar al hombre de tu vida, y te diré que has tirado la toalla, que prefieres que tu alma siga siendo nómada y no se asiente jamás a correr el riesgo que supone abrir sus puertas a alguien. Entonces te conformarás con las mariposas del estómago, las chispitas en sus ojos o el sudor en las palmas de tus manos, sin conocer jamás la calidez de un corazón que late a la par que el tuyo o la liberación de desnudar tu interior. Sin experimentar la seguridad y la calma de un beso o un abrazo o el sexo con alguien que sabe mejor que nadie cómo hacerlo, porque sólo lo hará para ti. Abrirás las puertas de tu alma para que puedan entrar en ella multitudes que se marcharán tan fugazmente como llegaron. Ninguno se quedará, ninguno llenará ese hueco vacío.
Cuando renuncias al compromiso haces que una parte de ti no llegue nunca a vivir: la parte destinada a la felicidad de tu alma gemela, aquella que lo es porque así lo habéis elegido. Renuncias a la emoción de las miradas, los primeros encuentros, pero ganas la emoción de saber que alguien te recordará por haber embellecido su vida.
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Mi corazón quiere ser sedentario, y necesita un lugar en el que crecer y resguardarse del frío, y ese sitio está contigo...
Para siempre.
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